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domingo, 3 de agosto de 2008

Picardía Permitida


Desde que salimos de nuestra "cámara oscura", líquida, amniótica, no buscamos otra cosa que luz. Aunque al principio duela y no recordemos hoy el dolor que causó nacer, lo que buscamos es luz... siempre. Parir una foto aveces causa dolor, otras veces no, pero sin un mínimo de luz, ella jamás existiría. Lo que una foto consigue o mejor dicho lo que yo busco y quiero lograr cuando disparo es detener al tiempo para siempre, como nunca y de alguna manera sugerir, porque no, algún futuro. Y generar tantos argumentos como imaginativos y creativos sean los que estan contemplando una de mis fotos.

miércoles, 23 de julio de 2008

miércoles, 25 de junio de 2008

"La cabeza se te pudre más rápido que la Ricotta"

No siempre cuelgo fotos que necesito transmitan algo... aveces es necesario transcribir o dejar asentado lo que dicen y piensan otros: por lo coherentes que son con la situación en un determinado momento. Por ese motivo siempre llevo a todas partes y donde quiera que vaya a mi "Julia", para que capte "el momento", la palabra me la guardo y la llevo en mi mente. Hoy se trató de palabras salidas de la boca de Matías (mi cuñado) referidas a la cocinera (mi hermana, su novia) quien hizo una riquísima tarta de Ricotta.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Re-Nacimiento

Esta foto tiene historia y casi unos 4 años. Sacada con la analógica Canon A1 (mi primer amor, tirado en algún cajón de mi casa). En aquélla época, yo, desesperada por "fotear", regalaba mis sábados a la caminata y a la ciudad, eran un paseo eterrrrno por buenos aires, buscando lugares y tomas... Mercedes me hacía de modelo, se aguantaba mis mil y una vueltas hasta que yo disparaba la foto. Caminabamos y nos cagabamos de risa, otras ibamos a las puteadas entre nosotras sin aguantarnos, peleando (como dos hermanas que somos). Esta fue en agosto del 2004, en la plaza del lector, la quiero mucho, uno de los primeros rollos que saqué artísticos. Por algo obvio la llamé Nacimiento. (Y no casualmente en esos tiempos nació mi pasión obsesiva por la fotografía).

jueves, 27 de diciembre de 2007

La Mano de Sartre - Por Carmen Cáceres

Cuando se abrió el obturador y congeló esta imagen, mi mano flotaba en el oxígeno de la selva misionera.
Cuando se abrió el explorador de Windows que me permitió ver la imagen de la mano, ya estábamos – mi mano y yo- flotando en el dióxido de Buenos Aires.
Eso es el tiempo: una imagen nunca completa en el fondo de la retina. Es la sensación extraña de algo que fue y sigue siendo, como el aire transparente del oxígeno que respiramos junto al perfil borroso del dióxido que seremos.
El tiempo es una cinta de Moebius armada por pequeñas densidades, como bits de escasa resolución.
El tiempo es la pintura simultánea y superpuesta de Misiones y Buenos Aires.
Es un álbum de fotos porosas que coleccionamos desesperadamente en bloggs bien iluminados. ¡Pasen y vean, este es mi tiempo! Retumba. Se píxela. Tiene olor a poliestireno y marea con el vértigo de la fibra óptica.
Mi mano no escapa a ese tiempo. Para ustedes ¿existe?

martes, 4 de diciembre de 2007

"Solicitada a los Padres melancólicos" - Por Carmen Cáceres

Las calesitas siempre nos entristecieron. No somos originales, hay muchos como nosotros. Se puede reconocer a un militante anticarrusel a dos kilómetros de distancia: es alguien que jamás alcanzó la sortija, huele a desilusión de caballo fijo, a cassette de música infantil de los 70’ y a foquito de luz intermitente.
¡Y ahí va! ¡Hola, saludame! ¡Estirá la mano, nena, dale! ¡!Que lindo!! ¿Te gusta dar vueltas corazón?
No.
Para evitar las etiquetas previsibles ( y la náusea por tanto giro) desechemos el prejuicio de entrada: estas filas no se forman por niños-problema, se forman por los hijos de la luz. A nosotros el mareo tierno y las canciones repetidas in eternum no nos ciegan. Estamos acostumbrados al vaivén. Somos el movimiento. Bullimos en el silencio. Nos reímos en el tren fantasma. Gritamos con los brazos abiertos en el gusano loco. Nos embadurnamos la cara con copos de azúcar y al fin, miramos la calesita con desprecio: toda una mentira.
Somos un ejército de gente enana y pesada. Somos los verdaderos niños, los de la Eterna Infancia. Los que sienten vértigo cuando inventan, cuando el cuerpo se estremece y la sangre apremia: ¡Rápido, una carrera hasta el quiosco! Somos los que descubrimos que un caballo no sonríe (y menos cuando lo montan); No tiene la cresta dorada (salvo, claro, el caballo de Chávez); No se desplaza con las patas quietas (porque en esta tierra, queridos, el que no llora no mama); No permanece quieto frente a su entorno (frente al autito de adelante que le tira smoke) y sobre todo, un caballo no permanece en una plataforma circular (bueno, exceptuando a los caballos peronistas). En fin, un verdadero caballo para nosotros es: LIBERTAD! Es el viento despeinando nuestros cabellos (no los pelos del que se sentó en el autito); Es la fidelidad del buen amigo (y no la forrada del que sostiene la sortija); Es la honestidad de un pura sangre (y no la rigidez de un potrillo pintado). Un caballo es el temor y la astucia del Caballo de Troya (caballo de madera hueca... ¡hueca!... no madera atravesada por un caño que me lastima las piernas y me enreda el vestido).
Padres melancólicos, por favor, entiendan que ser un militante anticarrusel implica ser sincero y veraz: en vez de insistir, suban ustedes.